Durante 17 temporadas en las Grandes Ligas, Strawberry conectó 335 jonrones, participó en ocho Juegos de Estrellas y formó parte de cuatro equipos campeones de la Serie Mundial. Su talento fue tan reconocido que los New York Mets retiraron oficialmente su número 18 en 2024. Pero mientras acumulaba éxitos deportivos, su vida personal estaba marcada por adicciones, escándalos y una deuda que llegó a los 3 millones de dólares.
Su caída no quedó únicamente en titulares: Strawberry se declaró culpable de evasión fiscal y posteriormente pasó 11 meses tras las rejas en Florida por violar su libertad condicional relacionada con un cargo de posesión de cocaína. Fama, dinero y prestigio no pudieron impedir que terminara enfrentando las consecuencias de años de autodestrucción. El hombre que parecía tenerlo todo descubrió que sus triunfos deportivos no podían arreglar lo que estaba roto dentro de él.
Ahora su realidad es completamente distinta: Strawberry asegura que pasa unos 270 días al año recorriendo iglesias, escuelas, hospitales, cárceles y conferencias para predicar y hablar con personas que enfrentan adicciones y vidas fuera de control. En 2024 visitó incluso el hospital y el corredor de la muerte de la Penitenciaría Estatal de Luisiana, donde se sentó junto a un preso debilitado, oró con él, lo abrazó y acomodó sus mantas. Su propósito, explica, es decirle a quienes parecen haber llegado al final que todavía pueden reconciliarse con Dios.
Strawberry no habla desde una vida limpia de errores, sino precisamente desde el desastre que dejó atrás y que muchas personas todavía recuerdan. Frente a los presos utiliza su propia historia como prueba de que una vida hundida puede cambiar y resume su mensaje con una frase directa: “Si él me salvó, puede salvarte”. Para el exbeisbolista, la transformación no depende de su capacidad como predicador, pues insiste en que es el Espíritu de Dios quien cambia a las personas.
Fuente: Bibliatodo