Su padre, Marcos Souza de Oliveira, intentó realizar una maniobra para desatragantarlo dentro de la casa, pero esta vez no funcionó. Desesperado, buscó la ayuda de un vecino que también es policía; al no poder localizarlo, tomó al niño, lo subió al automóvil y salió rápidamente en busca de auxilio.
arcos llegó hasta la sede de la Primera Compañía del Sexto Batallón de la Policía Militar. Allí entregó a su hijo a uno de los agentes, quien comenzó de inmediato las maniobras de emergencia mientras el bebé luchaba por respirar.
Al ver a su pequeño en peligro, el padre cayó de rodillas en el suelo y comenzó a clamar a Dios. “No deje morir a mi hijo”, pidió mientras recordaba que Mathias era para él un milagro y el cumplimiento de un sueño. Después de lo ocurrido, declaró con gratitud: “Dios escuchó nuestras oraciones”.
Las maniobras realizadas por los policías lograron estabilizar al recién nacido. Posteriormente, Mathias fue llevado a la Unidad de Salud de José de Anchieta y después trasladado al Hospital Meridional, donde fue sometido a una evaluación completa.
El bebé recibió el alta médica y su estado de salud volvió a la normalidad. Tres días después del angustiante episodio, Marcos regresó al batallón para agradecer personalmente a los policías que auxiliaron a su hijo en uno de los momentos más duros de su vida.
El padre describió a los agentes como “ángeles guardianes”, guerreros y verdaderos héroes. Sus palabras reconocieron la rapidez y preparación de quienes no dudaron en actuar cuando cada segundo era crucial para salvar al pequeño.