Las llamas arrasaron
cerca de 42.000 hectáreas, una superficie aproximadamente cuatro veces mayor
que París. Viviendas, bosques, trabajos y pertenencias quedaron reducidos a
cenizas, mientras miles de familias tuvieron que salir apresuradamente sin
saber cuándo podrían regresar.
Ante este duro
panorama, el CNEF pidió orar por las personas desplazadas, por quienes
perdieron sus casas o sus medios de sustento y por aquellos que atraviesan
miedo, dolor e incertidumbre. La organización expresó su confianza en que Dios
puede traer paz, consuelo y esperanza aun en medio de una tragedia tan grande.
El llamado también
incluyó a los bomberos, rescatistas, policías, agricultores y voluntarios que
arriesgaron su vida enfrentando las llamas. Los evangélicos pidieron a Dios
protección, descanso y fuerzas para quienes trabajaron durante largas jornadas
intentando detener el avance del fuego.
La crisis dejó un
doloroso saldo entre los equipos de emergencia. El presidente francés, Emmanuel
Macron, rindió homenaje a dos bomberos fallecidos durante las operaciones,
mientras que al menos 110 miembros de los cuerpos de rescate resultaron
heridos. En Le Porge, una de las localidades más golpeadas, cerca de 150
viviendas fueron destruidas.
Las Asambleas de Dios
de Francia también se sumaron a la convocatoria, invitando a orar por los
bomberos, las familias que lo perdieron todo y las iglesias ubicadas en las
zonas afectadas. Pastores de la región advirtieron que, después de controlar
las llamas, comenzará una tarea igualmente difícil: acompañar emocional y
espiritualmente a quienes deberán reconstruir sus vidas.
Pero la respuesta
cristiana no se quedó solamente en palabras. La iglesia Momentum de Burdeos,
mediante la asociación Espoir, comenzó a recibir alimentos, mantas, cables
eléctricos y otros artículos necesarios para apoyar las labores coordinadas por
las autoridades y ayudar a los damnificados.
El Gobierno francés
desplegó miles de bomberos, militares, policías y aeronaves para combatir los
distintos focos. Hasta el 27 de julio, aviones y helicópteros habían realizado
miles de descargas de agua, mientras las brigadas seguían trabajando en Gironda,
Landas, Córcega y la región de Var.